Incapso: el trabajo de la vocación


Este reportaje que hace parte de la edición plataforma número 52. Realizado por los estudiantes STEFANY SANDOVAL Y GISELL GUTIÉRREZ

En Piedecuesta existe una asociación que vela por el cuidado de todas las mujeres, especialmente las madres cabeza de familia. Se trata del Instituto de Capacitación Social (Incapso), que tiene como objetivo brindar espacios de formación en distintos oficios a las mujeres, y a su vez propiciar oportunidades laborales que fortalezcan así la economía de varias familias del municipio.

A las 5:00 de la mañana se despierta a diario Leidy Mariana Navarro de 33 años. Rápidamente hace los deberes de su casa, se alista, se despide de su esposo y sus dos hijas para ir a laborar. Ella vive en nueva Colombia, una zona rural de Piedecuesta, que fue asentamiento humano, pero que actualmente está constituida como barrio.  luego de caminar varios minutos por una ‘loma’, cerca de las veredas Altos de Guatiguará y La Cuchilla, toma a eso de las 5:45 am, un articulado de Metrolínea (Sistema Integrado de Transporte Masivo del Área Metropolitana de Bucaramanga) que dura en el recorrido hacia su trabajo entre a 40 a 45 minutos.

Siendo las 6:30 am Leidy llega a la carrera 6ta con calle 6ta, donde la reciben cálidamente las hermanas de la Caridad Dominica de la Presentación, e inicia sus labores como ensambladora de sudaderas de colegio. Ella, al igual que otras 15 mujeres, es integrante activa del Instituto de Capacitación Social, allí aprendió el manejo de máquinas industriales y gracias a eso se desempeña en el mismo lugar armando distintas prendas.

Esta obra social fue fundada en 1970 por el Párroco Jesús María Prada García y la Hermana Lucía Bernal, perteneciente a la Caridad Dominica de la Presentación. Inicialmente se llamaba “El Hogar de la Joven” y era destinado a las niñas campesinas del municipio. Allí se internaban las jóvenes para estudiar y aprender distintos artes. Sin embargo, con el fin de acoplarse a las nuevas exigencias del Estado, en el 2012 esta asociación cambió de enfoque, buscando ayudar a las mujeres más necesitadas del municipio, en especial madres cabeza de familia.

A Leidy Mariana Navarro le cambió la vida hace siete años cuando entró al Instituto de Capacitación Social. Antes trabajaba como interna en una casa de familia, pero las labores eran arduas porque no tenía un horario de trabajo, y prácticamente tenía que estar disponible las 24 horas del día para sus patrones. “Un día, una amiga del barrio me habló de esta organización que apoyaba a las mujeres, así que entré como ayudante, y luego de unos meses hablé con la hermana Myriam para que me diera trabajo como ensambladora, y así fue”, relata la mujer. También recuerda con una sonrisa en su rostro cuando le pusieron la primera prenda para armar. Era una camisa de uniforme del Colegio la Presentación y duró una tarde entera, entre desarmar y coser.

Con el dinero que le pagan de su trabajo, Leidy apoya los gastos de su casa. su esposo trabaja como ayudante en una obra de construcción y tiene trabajo por temporadas, así que cuando él queda cesante, ella puede suplir las necesidades básicas propias y las de su familia. Esta es una de las múltiples razones por las que cada día, se enamora más de su trabajo. También, ha aprendido a conocer a profundidad el funcionamiento operativo de cada máquina, hasta el punto en que sus compañeras acuden a ella cada vez que en el ejercicio de su labor cometen algún error técnico.

Una obra social que nace de la inspiración

Este instituto sin ánimo de lucro, está inspirado en la vida y obra de Marie Poussepin, una líder religiosa francesa fundadora de las Hermanas dominicas de la Presentación que en el siglo XVII tomó consigo jóvenes del campo sin asilo ni recursos, para educarlas en el temor de Dios, y enseñarles a trabajar para ganarse la vida.

Incapso, que está bajo la dirección de la hermana Myriam Olave Velandia, hace anualmente cuatro cursos de manejo de máquina industrial, en los cuales les enseñan a aproximadamente 64 mujeres el uso de la máquina plana, fileteadora, y collarín. Cada curso tiene una duración de dos meses y medio y un valor de 280 mil pesos, que son destinados y reinvertidos al mantenimiento mensual de la maquinaria, el pago de servicios y del instructor. sin embargo, el valor del curso no ha sido dificultad para algunas mujeres que no tienen dinero para costearlo, porque la hermana Myriam, en su vocación de servicio a la comunidad, brinda alternativas a las mujeres de pago en contados, descuentos, y en algunas ocasiones les ofrece la posibilidad de pagar con trabajo.

Además de esto, el instituto en conjunto con la Congregación Mariana y con el servicio nacional de aprendizaje (SENA), brindan al año cinco cursos en modalidades de bordado líquido, bisutería, porcelanicrón, guarnición de calzado, pequeña marroquinería y sandalia artesanal, de los que se benefician 150 mujeres y algunos hombres que se inscriben.

Incapso tiene convenio con colegios como la Presentación en sus sedes en Piedecuesta y Bucaramanga, y con el colegio Carl Rogers,  gracias a esto las trabajadoras tienen la oportunidad de confeccionar los uniformes de decenas de estudiantes en la temporada de octubre a marzo. El resto del año, las mujeres se dedican al ensamble y elaboración de lencería, pijamas, y juegos de sábanas. También, en los tiempos que no hay temporada escolar, se las ingenian para ganarse el dinero haciendo cartucheras, toallas bordadas y bolsos medianos que venden en la congregación o con sus familiares.

[FOTO 1]: Incapso: el trabajo de la vocación

Mujer artesana beneficiaria de INCAPSO Foto: Stefany Sandoval y Gisell Gutiérrez Foto

La vocación que transforma realidades

La hermana Myriam es la persona que hace que toda esta labor sea posible. En sus manos está dicha organización desde el 2014, y su iniciativa de servicio, según comenta, nació de lo inculcado por su familia, con el carisma y el don de ayudar a los más necesitados. El apoyo laboral y económico que les otorga a las mujeres que acuden a la asociación va de la mano con una ayuda espiritual con el fin de lograr en ellas “un acercamiento con Dios”, y apoyo para que sean mejores personas.

La hermana, explica que el servicio y la caridad no significan obsequiar dinero o hacer donaciones, puesto que ahí no habría ningún esfuerzo por parte de las muchachas. “La verdadera ayuda es capacitarlas y enseñarlas a trabajar para que se ganen la vida con dignidad. Que se sientan autoras del éxito de su vida y el de sus familias”, reiteró la hermana.

Con estos cursos las mujeres tienen la oportunidad de aprender distintos oficios certificados, ampliando así, sus ofertas laborales. normalmente las mujeres que completan el curso y no tienen una máquina propia, se quedan laborando en incapso, que además, tiene flexibilidades en los horarios por ser un trabajo a destajo, es decir, que les pagan por tarea realizada en el día.

Este es el caso de Yolanda Caballero, una mujer de 55 años que fue a Incapso, siguiendo las recomendaciones de una amiga, buscando nuevas alternativas para su sostenimiento y el de su hijo menor, pero también encontró un segundo hogar y una segunda familia.

Yolanda es oriunda de Málaga, y tiene una historia de vida de esas que enciende la esperanza en cualquier persona. Fue criada por una mujer que la acogió a los 10 años, y desde esa época aprendió a trabajar en restaurantes lavando la loza, los baños y luego cocinando. Así alternaba sus horas de trabajo con las horas de estudio en la escuela, hasta que tuvo 13 años y una enfermedad le puso una de las pruebas más duras de su vida.

“Un día llegué de la escuela, y me vi en el espejo y no me reconocía. Tenía toda la cara hacia un lado, estaba completamente transformada”, decía con lágrimas en sus mejillas. Se trataba de la enfermedad “Fibromialgia”, una condición que causa un fuerte dolor en los músculos, y que trajo consigo una parálisis facial e inicios de trombosis. Esta dolencia la acompañó de ahí en adelante. Todo lo anterior, debido a la exposición que tenía yolanda al calor y al frío trabajando en el restaurante desde tan pronta edad.

Años más tarde se trasladó a Piedecuesta, lugar en donde terminó su bachillerato, se casó y tuvo hijos. siempre trabajó en casas de familia como empleada doméstica y en distintos restaurantes, pero lo que siempre anheló fue aprender el arte de la confección. Yolanda relata que cuando sus hijos aún eran unos niños les hacía la ropa a mano. “Yo compraba la tela, y con unos moldes que me prestaba una vecina hacía los cortes, y luego de eso cosía con puntada de hilo. También a mano hacía el filete, pero me demoraba eternidades”, recuerda.

Fue así como muchos años después ese sueño se convirtió en realidad. Yolanda entró a Incapso a mediados del 2016 para hacer el curso de máquina industrial y aunque no tenía el dinero, esto no fue un obstáculo para ella, la hermana Myriam, se conmovió y le proporcionó la alternativa de trabajar medio tiempo en oficios varios, para que el otro medio tiempo lo dedicara al ensamble de ropa, y de esta manera tener siempre ingresos en temporada baja.

Este trabajo la ha ayudado en los momentos más difíciles, porque, según cuenta, su esposo tuvo un accidente laboral que lo dejó seis meses inmovilizado y como “los gastos no esperan”, tuvo que suplir así las necesidades y compromisos más urgentes. A partir de esto, Yolanda considera el Instituto de Capacitación Social la respuesta de Dios a sus súplicas, y por eso es muy acomedida y servicial. “Para mí este instituto es como si fuese propio, cuando veo que algo acá falta o está dañado, hago lo posible por arreglarlo”, afirma.

[FOTO 2]: Incapso: el trabajo de la vocación

Productos terminados Foto: Stefany Sandoval y Gisell Gutiérrez Foto

El apoyo no termina ahí

Además del soporte económico que les da el trabajo que tienen estas mujeres, también disfrutan de un espacio para la reflexión, el estudio bíblico como camino para acercarse a Dios. Leidy Mariana, cuenta que las hermanas han sido de gran ayuda para su vida porque tiene dos hijas de 13 y 15 años que están en la ‘edad difícil’, y a veces no sabe cómo manejar ciertas situaciones con ellas como las amistades, las relaciones amorosas, las salidas y demás, porque siente miedo de que cometan errores. Sin embargo, las religiosas la han guiado en cómo sobrellevar esto en el amor y en el respeto propio.

Por otra parte, el Instituto de Capacitación Social ha abierto las puertas a varias personas que les han negado oportunidades una y otra vez por sus circunstancias. Así le sucedió a Jesús David Hernández de 23 años, que tiene discapacidad visual. El desprendimiento de sus retinas no fue impedimento para que él estudiara. Hizo una tecnología en sistemas y mantenimiento de computadores en el SENA, y actualmente está haciendo sus prácticas en el instituto, luego de tocar muchas puertas y que le negaran su acceso.

“A pesar de que en Colombia hay leyes que protegen y amparan a las personas con discapacidades como yo, siguen las mismas condiciones de antes porque el acceso al trabajo es nulo”, afirma Jesús david. él tiene su oficina junto a la de la hermana myriam y actualmente está haciendo la página web de incapso. Con un pequeño porcentaje de visión que le quedó en su ojo izquierdo, trabaja ampliando al máximo la pantalla. “yo me siento muy contento acá con la oportunidad que me han brindado. las hermanas y las señoras me hacen ser una persona útil y así me ayudan a salir adelante” comenta Jesús con una sonrisa espontánea.

Al igual que Jesús, Leidy y Yolanda, son cientos de personas las que han entrado al Instituto de Capacitación Social buscando un nuevo rumbo para sus vidas,  se encuentran con una nueva familia y un nuevo hogar. Siempre con el mismo objetivo, “enseñarlos a trabajar para ganarse la vida con dignidad”.

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